Debajo de la ciudad no hay lagartos gigantes ni hombres topo. Tampoco encontré rastros de niños perdidos o bandas criminales, nada de eso. Descendí por una alcantarilla hace ya tres meses, y recién hoy pude volver a la superficie; no porque quedara atrapado ni porque no encontrara el camino de regreso, sino porque descubrí algo tan fascinante que no quería retornar.
Allí abajo está la ciudad. No la que habitamos, ni la que habitaremos algún día. Está la ciudad que pudo haber sido: el lugar en el que podríamos vivir si se hubiesen concretado miles de ilusiones que todos compartimos desde aquel borroso nacimiento de esta ciudad, la de la rosa y el río.
Al contrario de lo que todos piensan, bajo la superficie hay magia, alegría, diversidad y compromiso. Hay sueños realizados, más de los que se pueden imaginar y muchos más de los que podemos disfrutar aquí arriba. Y ese calor que sale de las alcantarillas, ese calor que algunos consideran desagradable… ese calor es la felicidad que emana la ciudad subterránea.


1 comentarios:
Esperanzadora descripción del movimiento underground. Felicítolo.
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