Mi piel está roja, ampollada, hirviendo. Ardo también de bronca: el sol me traicionó. La caminata por el desierto se prolongó más de lo esperado y él, a quien yo siempre consideré mi amigo, me castigó duramente. Busco refugio y no lo encuentro. La sombra me escapa, hasta mi propia sombra me esquiva. El sol está alto y estoy tan solo que la luz me da miedo.

La nieve no cede. El frío es penetrante y se siente hasta en los órganos. Hoy sufro el frío, lo odio. Pero cada tanto, cuando el viento sopla fuerte y las nubes pierden un poco de fuerza, asoma una mínima fracción del sol, que me da un abrazo fuerte y me dice que siga, que la llegada está más cerca de lo que parece.