28/04/2011

Estaciones (IV)

El color verde siempre le pareció atractivo: tantas tonalidades, tantas expresiones distintas de la misma esencia. Pero hoy no veía verde, no. Había llegado la primavera y las hojas seguían amarillas, desparramadas por el piso. Era veintiuno de septiembre y no había flores ni pájaros ni dulzura ni amantes. Estaba él solo, muerto de frío, temblando en la calle. Comenzó a llover y su tristeza fue infinita.
Cayó en la cuenta, poco después, de que la primavera estaba allá lejos, a miles de kilómetros, en casa.