27/04/2011

Estaciones (III)

La tempestad no cesaba. Imposible salir, imposible seguir encerrado. Decidió, entonces, ir a pasear por su mente. Allí el paisaje no era mucho más agradable que el del mundo real, pero al menos el frío era soportable y no había viento ni nieve. Vio árboles muertos, pasto amarillo, criaturas muertas... Pero luego sus ojos divisaron algo fascinante: un lago congelado.
Posó los pies sobre el hielo. Parecía bastante grueso y resistente, pero de todos modos avanzó con cautela. Dio vueltas durante horas, sin darse cuenta del frío ni de la muerte ni de nada. El hielo, la representación misma de la crudeza del invierno, le había devuelto la sonrisa.
Lástima que allá afuera, en el mundo real, lo esperara el invierno-infierno.