25/04/2011

Estaciones (I)

Se despertó aturdido; la luz lo había expulsado a la fuerza de un sueño plácido. Frente a él, muy lejos, se alzaba a paso rápido el sol rojo y furioso. Tardó unos minutos en espabilarse, en entender que este mundo era el real. Siguió mirando en dirección al sol durante un rato, hipnotizado por su brillo y el paso de rojo a amarillo.
El calor ya lo agobiaba, el aire lo aplastaba y lo obligaba a quedarse inmóvil, de rodillas. Cualquiera que hubiese pasado por allí habría pensado que estaba rezando. El sol, en cambio, sabía la verdad: le estaba dando la bienvenida al verano, a la estación que había ido a recibir la noche anterior.