El hombre vivió 100 años y la mujer 99. Sus vidas estuvieron colmadas de amor y compañía. Cuando ella se despertaba, él ya estaba preparando el desayuno. Durante los viajes, él sacaba miles de fotos, ella prefería admirar los paisajes con los ojos y sin interrupciones. En los restaurantes uno pedía siempre pastas y el otro carne. En los parques él alimentaba a las palomas, mientras que ella prefería contemplar cómo las aves se amontonaban y formaban figuras misteriosas.
Hoy están enterrados a pocos metros de distancia uno del otro, por mera casualidad. Nunca se conocieron ni se conocerán.


2 comentarios:
Perfectamente lógico:)
ajjaja
Me encantó. Un abrazo!
:)
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