23/06/2009

Ojos cambiantes

A lo lejos, la marea. Él observaba en el espejo los surcos de su rostro. Algunas arrugas, algunas cicatrices. Observaba las gotas de transpiración que descendían lentamente, tomando a veces el largo camino de la sinuosa cicatriz que comenzaba en la ceja y terminaba en el mentón. Observaba sus delgados labios, que no sentían el calor de otra boca hacía ya mucho tiempo. Observaba su barba rala, su nariz aguileña, sus patillas casi inexistentes.
Luego se dispuso a observar sus ojos verdes, que cambiaban a celeste cuando salía de la cabaña y caminaba unos metros hasta estar cerca del mar. Ahora eran verdes, y los observaba fijamente, concentrado sólo en ellos. Los observaba, y de fondo escuchaba la marea. Llevaba mucho tiempo frente al espejo, quién sabe cuánto exactamente. Observó sus ojos hasta que se pusieron celestes, y la ola fue tan grande que nunca volvieron a ser verdes.

3 comentarios:

º dijo...

que hermosa manera de describir
sutil..
delicado

º dijo...

conocí a tu hermana
Maria
te lo juro.
es tan pequeño este mundo

Maria Lange dijo...

es un pañuelo!